sábado 26 de abril de 2008

Aturdido inconsciente

El trabajo había sido duro, sentía el peso de la mirada del patrón durante toda la semana y se
dio cuenta que todo el peso de sus ojos estaban ahí, en algún lugar de su cabeza retumbaban,
sumado a toda la presión que significaba trabajar en ese frigorífico. Se sentía un judío en un
campo de concentración o un mosquito dentro de un frasco, se lamentaba...
Por suerte había terminado la semana y tenía plata en el bolsillo. Se sentía lleno de energía a
pesar de todo el cansancio acumulado. Salió a las calles pensando en que gastar, con ganas de
apagar ese dolor.
Camino hasta su casa, quizás quedaba a 4 o 5 kilómetros de ahí, pero no le importaba, no le
gustaban las esperas largas de colectivo y las caminatas tenían ese atractivo de búsqueda, nunca
sabías donde te podía llevar el destino.
Caminaba y pensaba en lo difícil de todo, de los porques, todos juntos se le agolpaban en su
cabeza. Entonces, sin dudar, fue al bar más cercano a aquietar su conflictos y preguntas, estaba
cansado que se le agolpasen de esa manera y decidió callarlas, solo para hacerlo todo más
armónico.
Los bares por los que pasaba eran todos estruendosos, mucha gente bonita...tenía que encontrar
algo adecuado. Vio al final de la avenida algo tenebroso y gótico, vio un hombre sombrío
desparramado en el bar...
Este!! – se dijo.
Maestro!, una cerveza.
Apareció alguien desde las tinieblas de alquitrán...un acabado, las cuatro personas, incluyéndolo
a Enrique...acabados. Todos recostados, pidiendo la toalla del banco...
Ahora sí - murmuró sentadosé.
Las putas que trabajaban sobre la avenida, se enjuagaban la boca en el bar y
trataban con el fiolo que estaba en la “oficina” oscura del fondo.
Mirando todo eso, ya no encontró preguntas y tuvo un almohadón de alcohol en el cual recostarse, por unos segundos todo iba bien. Empezó a aturdirse y salió.
Las calles sabían a uvas y empezó a sentirse a gusto, y siguió su camino.
Paso por un poder judicial.
Putos! – dijo para sí.
Siguió caminando, cuando vio el poster del candidato de turno.
Otro chupaculos más – se dijo.
Siguió caminando por las oscuras calles próximas a su barrio, vio una piedra y la recogió,
cantando una absurda canción la tiraba arriba y abajo.
De pronto ¡¡Plash!!, su piedra ya no estaba en su mano, corrió y corrió sin detenerse.
¿Que puta eh hecho?, ¿Qué a pasado? –se preguntó.
Que eh hecho!!.
A diez cuadras se sentó jadeante en el cordón de una vereda.
Sintió las sirenas de policía cerca.
Mierda! – dijo.
Mientras, trataba de respirar, se acordó de esa frase Nietzsche:
"Si miras al abismo, el abismo te devuelve la mirada".
Si es verdad – dijo – él inconsciente te da todo, pero te destruye.
Oyó, las sirenas cada vez más cerca... se hecho a andar... mientras, un gato de la calle lo miro
con aires de superación...